Calidad de vida, relaciones personales y discapacidad intelectual

Calidad de vida, relaciones personales y discapacidad intelectual; aproximación teórica desde la práctica.

Quisiera empezar este artículo explicando un concepto con mucha importancia en la actualidad, se trata de la calidad de vida. El constructo de calidad de vida es un concepto que en el campo de la discapacidad intelectual ya Schalock y Verdugo (2007), dos eminencias en el ámbito, indicaron como “un referente clave para el desarrollo de programas y servicios”.

La calidad de vida es un concepto que hace referencia a las necesidades más importantes que la persona necesita cubrir para tener una vida plena y feliz. De la calidad de vida siempre se ha hablado, pero fue el Dr. Robert Schalock quien teorizó este concepto para utilizarlo como un principio organizativo y un concepto para mejorar las vidas de las personas con discapacidad (Siglo Cero, Vol. 28, (2), 1997). Este modelo propuesto por el mismo Dr. Schalock propone ocho dimensiones que son susceptibles de mejorar en cualquier persona tenga o no una discapacidad intelectual. Hay que decir que en este sistema la calidad de vida se mide por el nivel de satisfacción de la persona en cada dimensión y por el nivel de logro de indicadores objetivos que propone el propio autor. Las ocho dimensiones son: bienestar emocional, relaciones interpersonales, bienestar material, desarrollo personal bienestar físico, autodeterminación, inclusión social y derechos.

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Hemos visto pues que las relaciones personales es uno de los aspectos fundamentales para que las personas (con o sin discapacidad) puedan gozar de una vida plena. No obstante, debemos decir que en el caso de las personas con discapacidad intelectual las relaciones personales no solamente son un aspecto importante para la calidad de vida si no que juegan un papel fundamental en su desarrollo personal y su socialización ya que con ellas se obtienen aprendizajes imprescindibles para su inclusión en la vida social (Belén, 2013). Esta clara la evidente importancia de los primeros agentes de socialización que son la familia y la escuela; de los cuales depende gran parte del aprendizaje social. La socialización es un proceso constante a lo largo de la vida, pero lo es especialmente para las personas con discapacidad intelectual, que pueden tener dificultades para generalizar aprendizajes y extrapolarlos de un contexto a otro. Así pues, las relaciones personales posteriores a la escolarización, son si cabe, tanto o mas importantes que la misma ya que se trata de una etapa del ciclo vital más extensa.

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En este marco, podemos constatar la importancia de estas relaciones. ¿Pero cómo son las relaciones de las personas con discapacidad intelectual? ¿Tienen tendencias características? ¿Sus aspiraciones y expectativas para con las relaciones son iguales que las de las personas sin discapacidad?

Hay estudios que han investigado sobre las tendencias y las características de las relaciones de las personas con discapacidad. Ibáñez y Mudarra (2004) señalan que:

  • Los varones con discapacidad intelectual tienen menos parejas que los varones con otros tipos de discapacidad. Lo que puede indicar ciertas dificultades de relación
  • Las personas con discapacidad intelectual muestran más dificultades para hacer amistades fuera del trabajo, que el resto de personas con discapacidad.
  • Las personas con discapacidad intelectual buscan en las relaciones personales; divertirse, afectividad, simpatía, cariño y sinceridad.  En menor medida (7%) reclaman también ayuda y protección.
  • Lo que buscan en sus relaciones personales son relaciones de amistad a nivel de igualdad.
  • Lo que más rechazan en las relaciones son: la falta de sinceridad e hipocresía, el individualismo y las faltas de respeto.

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Las características descritas por estos autores no deben interpretarse como hipótesis demostradas ya que no se trata de un estudio suficientemente representativo. No obstante, en mi experiencia profesional he podido observar que la carencia de habilidades sociales y las ausencias de relaciones de parejas son patrones constantes en las personas con discapacidad con las que he podido trabajar. En este sentido, cuanto mayor es el grado de discapacidad intelectual mayores son las dificultades para establecer nuevas amistades. No obstante, es justo y necesario hablar también de las capacidades de este colectivo por lo que respecta a las relaciones personales.

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Desde mi experiencia como educador he observado que hay una correlación entre el grado de discapacidad intelectual; severo (40-25), moderado (55-40), leve (70-50) y límite (70-80) (AAMR, 2004) y cierto tipo de emociones negativas (aunque esta clasificación puede resultar restrictiva sirva solamente para ilustrar el propósito de mis observaciones). Valga decir que estas observaciones no son el fruto de una observación rigurosa ni sistemática, pero resulta cuanto menos interesante y puede servir para que otras personas y profesionales puedan reflexionar sobre la cuestión planteada.

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Fuente: elaboración propia

Resumiendo los aspectos más importantes, diríamos que las relaciones personales son un ámbito importantísimo para la calidad de vida y el desarrollo personal y social de las personas con discapacidad intelectual. Uno de los mayores obstáculos en este aspecto son sus dificultades para las habilidades sociales que se manifiestan en dificultades para establecer relaciones de amistad y de pareja. De lo contrario las personas con discapacidad intelectual, a menor grado de coeficiente intelectual menor tasa de aparición de actitudes negativas, y de la misma manera cuanto mayor es el nivel intelectual más fácil resulta que estas aparezcan. Las relaciones son oportunidades de aprendizaje y desarrollo personal para todo el mundo, pero es así especialmente para las personas con discapacidad. En este sentido es conveniente que las personas con discapacidad puedan relacionarse con otras personas sin discapacidad, por un lado, como criterio de normalización y de inclusión, pero también como criterio de socialización ya que las relacionarse con modelos adecuados contribuye al aprendizaje de conductas y actitudes más adaptativas, así como (Bolea et. al, 2012).

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La práctica de deporte es una tendencia firme en las personas con discapacidad intelectual según demuestran algunos estudios (Ibáñez y Mudarra, 2004). En este sentido el deporte inclusivo resulta una excelente oportunidad para que las personas con discapacidad puedan disfrutar de los beneficios del deporte no solo como práctica saludable, sino también cómo fuente de oportunidades para el desarrollo personal y su socialización.

Luis C. Díaz Cortés
Educador Social y estudios de psicopedagogía