La adolescencia en la discapacidad

La adolescencia en la discapacidad
A la espera de un/a hijo/a, la familia tiene diferentes sentimientos, entre ellos; miedos e ilusiones. Los padres tienen la esperanza que sus hijos/as puedan vivir su vida, con sus propios sueños e ilusiones. Aunque toda persona, con o sin discapacidad, tenga sus sueños de una u otra manera, cuando se sabe que tendrá una discapacidad psíquica para toda la vida, las expectativas cambian.
A medida que el hijo/a con discapacidad crece y llega a adolescente, todo se dificulta, quedando muchas cosas por hacer y por aprender. Los padres, en muchos casos se sienten inexpertos para tal experiencia, nadie les enseña a criar un hijo/a, tenga o no discapacidad. Si ya es difícil criar a un hijo/a en la etapa de la adolescencia, ¿cómo debe ser criar a una persona con discapacidad psíquica? Tal y como dice la psicóloga C. Zazueta (2016): “¡El amor por los hijos es nuestra mejor fortaleza! ¿Tú que no harías por tus hijos?”

La adolescencia implica un cambio de niñez a adulto, donde se da la búsqueda completa de la identidad y se cuestiona la existencia de la persona y las relaciones con los demás. Un adolescente con discapacidad tiene más dificultad en encontrar su identidad en esta etapa porque sus propias características complican el desarrollo habitual. Se podría decir que la situación de la persona con discapacidad es el niño eterno.
Hablar de niño eterno, se refiere a que el adolescente con discapacidad, en diferentes casos no puede adquirir la autonomía suficiente para depender de sí mismo, producida por su capacidad psíquica y sus características. Aunque este adolescente con la práctica y gracias a la ayuda de sus familiares y profesionales puede mejorar y aprender a hacer diferentes tareas, deberá que tener una ayuda y/o vigilancia constante.


En esta etapa, uno de los rasgos que nos podemos encontrar es el bullying. Los adolescentes que tienen algún tipo de discapacidad psíquica, podrían ser diana de acoso, no solo de personas sin discapacidad sino que pueden llegar al acoso incluso entre ellos/as. Se podrían clasificar entre los chicos y chicas más invisibles y vulnerables, hecho que provoca, para los padres, familiares y profesionales, una dificultad añadida para controlar sus impulsos y sus emociones, ya que esta violencia produce un daño psicológico que es difícil de anular. Esta violencia puede ocasionar que el adolescente con discapacidad, amolde o cambie su personalidad a una persona más introvertida de lo que es o bien, con un carácter más duro, ocasionando que sea más difícil de controlar en muchas ocasiones. Para ello la persona en concreto deberá tener en sus alrededores personas de referencia positiva que eviten esas conductas desapropiadas.


Además de la violencia, la sexualidad es un tema importante que se desarrolla durante la etapa adolescente. Uno de los puntos más relevantes en las personas con discapacidad es enseñarles cómo y cuándo se deben dar los diferentes aspectos sexuales ya que una peculiaridad de diversos adolescentes con discapacidad es la inhibición, sienten una necesidad que la llevan a cabo, sin entender el momento y el lugar son correctos. Por ello hay que hacerles ver la importancia que tiene la intimidad de la persona y/o pareja y este entendimiento, se produce con ayuda de los familiares y/o profesionales.


Por otro lado, la inclusión deportiva y las actividades sociales son aspectos importantes en la etapa de la adolescencia, ya que ayuda a su desarrollo psicomotriz, reforzando en la importancia de la cooperación, como es en deportes o actividades de grupo.
El deporte, es una herramienta vital para la autonomía del adolescente, desde el hecho de prepararse su mochila para el entrenamiento/actividad, utilizar transportes públicos para llegar a dicho entrenamiento y/o actividad, la ducha al acabar la sesión y las relaciones que se producen en la propia sesión; con sus compañeros/as y con su monitor/a. De esta manera el deporte no solo ayuda a la autonomía sino que también refuerza diferentes valores como la cooperación y el respeto a sus iguales.

La inclusión de personas con discapacidades en estas actividades comienza con la identificación y eliminación de los obstáculos para su participación. Una vez encontrados sus diferentes obstáculos, empieza el trabajo para la propia superación del día a día, gracias a la ayuda de los/as compañeros/as y del/a monitor/a que se encuentre con esta persona. Dicha inclusión ayuda a que todo el mundo tenga las mismas oportunidades de participar en todos los aspectos de la vida al máximo de sus capacidades y deseos.
Es importante la enseñanza desde que se es infante, en la existencia de diferentes enfermedades y discapacidades las cuales puede sufrir una persona. Aún es más importante, hacerles ver lo significativo que puede ser para ambas partes (la persona con discapacidad y la persona sin discapacidad) la inclusión y el trabajo unido, ya que pueden aprender mutuamente a cómo tratar a los demás.


En conclusión, si la sociedad sigue viendo la discapacidad antes que a la persona en sí, el riesgo de exclusión y la discriminación permanecerán, pero si la sociedad fuera capaz de aportar recursos necesarios para las personas con diversidad funcional no existirían barreras físicas, culturales, económicas, de actitud, de comunicación ni de movilidad, que impidan que tengan la totalidad de sus Derechos.
Tal y como se dijo en UNICEF (2013): “Subestimar el potencial de las personas con discapacidad es uno de los factores que más atenta contra su inclusión y su disfrute de la igualdad de oportunidades (…) Los niños y niñas con discapacidad tienen que ser parte de, no aparte de, la vida cotidiana de sus familias, comunidades y sociedades”.

Ainhoa Castro Castro
Estudiante de Psicología especializada en discapacidad