La medicación en personas con discapacidad intelectual

La medicación en personas con discapacidad intelectual

El concepto de discapacidad ha ido variando a lo largo de los años. Actualmente se conoce como la condición de una persona que presenta un trastorno físico, mental o sensorial que altera el desarrollo normal de su actividad cotidiana. Esta disfunción conlleva unas condiciones médicas con una gran variedad de síntomas, de los cuales muchos de ellos pueden no ser significativos para causar una limitación funcional; otros, sin embargo, pueden ser causa de limitaciones que afectan a la calidad de la vida diaria y que requieren de medicación de gran potencia para controlarlos. A menudo, este tipo de medicación comporta asociados efectos secundarios que en algunos casos pueden ser muy molestos.

Para el colectivo médico hablar de este tema es un  reto. Revisando la literatura al respecto y realizando una búsqueda exhaustiva entre las páginas más conocidas, relacionadas con medicina (PubMed, Cochrane…) encontré un artículo que merece especial atención: (Exercise to prevent and treat functional disability). Habla sobre los efectos directos del ejercicio para sacar el máximo rendimiento de la capacidad fisiológica del cuerpo y aún más sobre los efectos indirectos como la modulación de los factores psicosociales tan importantes en la expresión de la discapacidad. Aunque éste no sea el tema del cual nos corresponde hablar hoy, es importante incidir, ya que está sobradamente comprobado cómo de beneficioso puede llegar a ser el ejercicio en los seres humanos. Además, cabría la posibilidad de poder prescribir dosis menores de medicamentos e incluso prescindir de ellos si la persona llevase una vida no sedentaria y con una dieta equilibrada. Siendo éste un punto de gran importancia para motivar a nuestros familiares a realizar prácticas deportivas y a seguir una dieta sana.

Si focalizamos la relación medicación y las personas con discapacidad intelectual, tenemos que empezar contextualizándola. La discapacidad intelectual es un síndrome caracterizado por limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en el aprendizaje que se manifiesta por una disfunción en las habilidades prácticas, sociales y conceptuales. Existen múltiples causas como factores genéticos, adquiridos (alteraciones congénitas y/o del desarrollo), ambientales y socioculturales. Se calcula que afecta aproximadamente al 1% de la población en países desarrollados, lo que en España supondría más de 500.000 personas afectadas. Estas personas presentan necesidades de apoyo en diferentes ámbitos como el desarrollo personal, la educación, las actividades de la vida cotidiana, el empleo, las relaciones sociales y, entre otros, la salud.

En la actualidad se encuentra en marcha el estudio POMONA-España, una ampliación de un proyecto europeo iniciado en 2003 que sirve para mostrar los indicadores de salud de personas con discapacidad intelectual. En 2016 se publicaron los primeros resultados donde destaca que el 84% de las personas con discapacidad intelectual encuestadas se medican diariamente, la mayoría de las cuáles consume algún psicofármaco. También se evidencia la dificultad de inculcarles hábitos saludables, ya que aparte de presentar tasas de enfermedades más elevadas que la población general, el 50% es sedentario y un 30% sufre obesidad. Otro dato relevante que se refleja es la escasez de información, la falta de estudios e informes estadísticos sobre este colectivo.

Según el doctor José María Borrel Martínez (de la Asociación Down Huesca) hay dos causas que pueden favorecer la sobremedicación, la falta del tiempo necesario en las consultas médicas y la falta de unidades especializadas en salud mental para personas con discapacidad intelectual que comportan una falta de formación profesional del personal sanitario para atender correctamente a este colectivo. A pesar de todo esto, cada persona es un mundo, y es importante el tratamiento de forma individualizada observando la respuesta a la terapéutica prescrita. No es sencillo prever la buena respuesta terapéutica a los fármacos prescritos, y por eso son tan necesarios el tiempo y los servicios especializados para un buen seguimiento personalizado.

En conclusión, como cualquier persona que esté polimedicada hay más riesgo de presentar más efectos secundarios y que la adherencia al tratamiento médico no sea la óptima. Es por eso que es importante, entonces, construir un camino conjunto donde participen distintas especialidades y diferentes enfoques de ver a las personas para intentar tratar de manera global la discapacidad y así conseguir un mayor beneficio para estas personas, intentando a la vez optimizar el efecto positivo de los fármacos para poder disminuir el número total. Uno de los puntos clave sería la existencia de equipos multidisciplinares integrados por el médico de atención primaria, trabajadores sociales, logopedas, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, neurólogos o pediatras especialistas en el desarrollo, psicólogos, especialistas en nutrición y educadores. Hay que ofrecer respuestas diversificadas, adecuadas a las exigencias de cada momento y de cada sujeto para el progreso tanto de la habilidad cognitiva como de la personalidad y su integración sociolaboral.

La combinación de estos equipos multidisciplinares junto con una cultura de prevención basada en una vida sana y activa, contribuirá a optimizar el manejo terapéutico integral de estas personas y, en consecuencia, mejorar su calidad de vida.

Alba González Aumatell

Médico Pediatra del Hospital Vall d’Hebron