El compañero de clase de mi hija tiene una discapacidad

15 de septiembre de 2011. Ilusión, nervios, alegría, preocupación, orgullo, incertidumbre, satisfacción. Estos eran mis sentimientos ese día. Y es que ese día era el primer día de colegio de mi hija. Empezaba para ella y, evidentemente, para nuestra familia una nueva etapa; ¡empezábamos el “cole”!

Como todas las familias que han pasado por ese momento imaginas ese nuevo inicio de etapa y piensas como será. Piensas como nuestros/as hijos/as se adaptarán al profesor/a, a la comunidad educativa, a las instalaciones, y, claro está, a sus nuevos/as compañeros y compañeras.

Nosotros, como padres, pusimos a nuestra hija “en situación”, ya que, de esta manera, considerábamos que su adaptación al “cole” sería positiva y que viviría ese momento de manera feliz. Así que asistimos a las jornadas de puertas abiertas y a las de bienvenida de nuevos/as alumnos/as, charlamos con ella sobre lo importante que era ir al cole, la de amigos/as que haría y la de cosas que aprendería, y jugamos, de manera simbólica, simulando situaciones que ella se encontraría en sus primeros días de colegio.

Durante todo ese tiempo nos planteamos muchas situaciones y circunstancias posibles, pero no nos llegamos a plantear que podría pasar si un compañero/a de su clase tuviera una discapacidad. No se nos pasó ni por la cabeza. Visto desde el día de hoy, nueve años más tarde, me parece estúpido e, incluso, irresponsable por nuestra parte. Pero es lo que sucedió. Y, justamente, esa situación, que no habíamos previsto, sucedió. En la clase de mi hija uno de sus compañeros/as tiene una discapacidad.

Al ser una discapacidad psíquica, durante los primeros meses, incluso diría yo que, durante el primer curso, pasó desapercibido, pero, posteriormente, empecé a escuchar rumores de otros/as padres y madres de la clase, diciendo que ese niño “no era normal”, que “algo le pasaba”. Empecé a escuchar, también, que en clase había un niño que tenía necesidades educativas especiales, un concepto del que nunca antes había oído hablar. Y empecé a observar que, en clase, además de la profesora, siempre había una auxiliar educativa (vetlladora), la cual estaba siempre muy pendiente de ese niño.

Todo esto me hizo pensar si mi hija iba a rechazar a ese compañero en su día a día en el cole. Me hizo pensar sin duda en el rechazo social. Pero como siempre mi hija me sorprendió.

Ella, desde P3 y hasta el día de hoy (5º de primaria), juega y, así, aprende matemáticas, lengua, música, educación física, medio social y natural, etc. Pero lo más importante que está aprendiendo en su día a día es entender el significado de una de las palabras más importantes que existe y que, para mí, es uno de los valores más importantes que ha de tener una “buena persona”. Esta palabra es INCLUSIÓN.

Mi hija sabe ACEPTAR las DIFERENCIAS entre las personas, viendo como estas diferencias hacen únicas y especiales a esas personas. Es EMPÁTICA y sabe ponerse en el lugar del otro/a, entendiendo que, si lo hace, su mapa mental se amplía y puede llegar a descubrir otras perspectivas que nunca se habría planteado. Esto le hace ser más FLEXIBLE, más ANALÍTICA y más ADAPTABLE. Es RESPETUOSA y TOLERANTE y sabe que la diversidad nunca resta, sino que SIEMPRE SUMA.

Evidentemente, todo esto es un camino y un aprendizaje que aún está realizando, pero que no hubiera sido posible sin el trabajo del equipo de profesores/as y de dirección del colegio y, por supuesto, de esa persona con discapacidad. Estos profesionales han hecho que en la clase de mi hija la discapacidad se normalice y que, en vez de verse como un estigma, se vea como algo natural. Y así es como ven a su compañero. Ella siempre dice que él es especial.

¡Qué grande y positivo es este cambio de perspectiva para ser mejor persona! ¿No creéis?

M. mama de C. de 10 años

Orientadora laboral

Idioma?