El porqué de las entidades sin ánimo de lucro

Para entender el motivo de su existencia tenemos que irnos a su origen.

Las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) han estado presentes desde la segunda mitad del siglo XIX. Las ONG surgieron con el fin de trabajar en temas a los cuales los gobiernos de muchos países no podían llegar. Se formaban por grupos de profesionales especialistas en temas sociales y capacitados para afrontar la terrible realidad de los países.

Actualmente existen infinidad de ONGs que trabajan en todo el mundo y que su tarea se ha convertido en vital importancia para la ciudadanía, ya que ofrecen asistencia a los grupos menos favorecidos, marginados brindando oportunidades de inclusión social, educación, empleo digno, etc. Su preocupación es constante por desarrollar de forma efectiva su labor desde posiciones críticas hacia las injusticias y hacia quienes las originan. Estas entidades, cada vez más tienen profesionales que se dediquen a ellas aunque en un porcentaje importante se nutren de la colaboración de voluntariado.

Las ONGs son difíciles de definir y clasificar, pues el término no siempre se usa consecuentemente. En algunos países, el término ONG se aplica a una organización que en otro país se denominaría ONL (Organización No Lucrativa), otras son ESAL (Entidad Sin Ánimo de Lucro), como resultado, existen muchas clasificaciones diferentes, pero en definitiva, lo realmente importante es el objetivo que se quiere alcanzar con cada una de ellas, que en su gran mayoría es en pro de una masa social que se encuentra desfavorecida frente al resto de la sociedad.  Podemos describir a estas entidades como: entidad cuyo fin no es la persecución de un beneficio económico sino que principalmente persigue una finalidad social, altruista, humanitaria, artística y/o comunitaria. Este tipo de instituciones por lo general se financian gracias a ayudas y donaciones derivadas de personas físicas, empresas, entidades públicas y de servicios ofrecidos por ellas mismas.

Con el desarrollo de las ESAL surge el tercer sector de Acción Social  que está integrado por aquellas organizaciones sin ánimo de lucro que, sin perder su función de denuncia, reivindicación y sensibilización, son prestadoras de servicios sociales, educativos, deportivos, de vivienda, de salud, etc., Este trabajo, tan importante, para la sociedad debe realizarse conjuntamente con la administración pública ya que esta no debe dejar toda la responsabilidad social a este colectivo de entidades, sino que deben formar parte de su desarrollo. Si la solidaridad, consiste en no dejar solos a los demás con sus problemas, estamos hablando de un conjunto de asociaciones, fundaciones y cooperativas sociales, representativas de la sociedad civil en sociedad, que practican la solidaridad con los sectores más vulnerables de la población. Son organizaciones no lucrativas que desarrollan acciones y servicios de interés general, que construyen cohesión e inclusión social, que luchan contra la pobreza y la discriminación, evitando que los colectivos más sensibles de nuestra sociedad, como pueden ser las personas con discapacidad psíquica, queden al margen de unos niveles mínimos de bienestar social, llegando donde la Administración Pública, ni el mercado pueden hacerlo, pero sí apoyarlo.

Tal y como se ha comentado se está implantando un sistema de bienestar social y su reciente expansión está colaborando en el crecimiento del tercer sector de acción social. Las administraciones públicas están externalizando, cada vez más, la prestación de servicios sociales de responsabilidad pública hacia la gestión de organizaciones sociales. Los gobiernos recurren a las organizaciones sociales por variadas razones: por parecer menos intervencionistas, por ahorrar recursos públicos, dado que si se realizarán directamente serían más costosos, pero también por aprovechar la mayor experiencia y contacto con la realidad social de las organizaciones del tercer sector.

Es importante que  el tercer sector de acción social esté bien regulado, que se reconozcan sus funciones de interés social, al tiempo que se le dote de la representatividad e interlocución que merece. Igualmente, desde estos espacios de interlocución debería acordarse un nuevo modelo de financiación de las políticas sociales que gestionan, que garantice la disponibilidad anticipada de los recursos, la pluralidad  de los mismos, la suficiente dotación económica, la calidad en los servicios que se prestan, la transparencia en la gestión y la evaluación del impacto social que producen sus actuaciones en beneficio del conjunto de la ciudadanía.

Por todo ello cada euro que dediquemos a financiar los servicios públicos gestionados por el tercer sector de acción social, no será un gasto sino una de las mejores inversiones colectivas que podemos hacer, no en beneficio de unos pocos, sino en beneficio colectivo ya que no es posible el crecimiento sin cohesión social.

¿Las ONL deben ser una apuesta de los gobiernos, empresas y resto de Sociedad?

Sí cada uno/a de vosotros/as da respuesta a la pregunta planteada, puede que  ayude a proyectar otras cuestiones que favorezcan el desarrollo social y por tanto el crecimiento de las entidades no lucrativas, como opción.

 

Mercedes Cana López

Coordinadora General Asociación Demanoenamno

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