Las “OTRAS” Asignaturas

Desde Demanoenmano apostamos por la inclusión y no una inclusión a toda costa, sino una inclusión consentida y con sentido. Para ello, es muy necesaria la educación emocional, esa asignatura, en grandes ocasiones, pendiente.

Las “OTRAS” Asignaturas

Hace más de 2.200 años, Platón afirmaba que: “La disposición emocional del alumno determina su habilidad para aprender”, y Aristóteles, por su parte, sostenía que: “Educar la mente sin educar el corazón no es en absoluto educar”.

Demostrada ya la razón que tenían estos y otros grandes pensadores de la época, sería el momento de seguir sus consejos e introducir nuevas materias en el currículo escolar que, sin duda, podrían transformar la educación y nos ayudarían realmente a vivir en sociedad. Serían las verdaderas asignaturas de “transición a la vida”. Asignaturas que quizá no nos hagan despuntar en la EvAU (Evaluación para el Acceso a la Universidad), pero que sin duda nos van a hacer despuntar en la VIDA, el escenario más importante al que nos vamos a tenemos que enfrentar tarde o temprano.

Son asignaturas relacionadas con la Inteligencia Emocional, que no aluden a las capacidades racionales, sino a las actitudes emocionales.

Y eso es lo que nos define como personas: no tanto cuantas ecuaciones sabemos resolver, cuánto tardamos en analizar morfosintácticamente una frase, o si sabemos o no la definición exacta de un “meandro”. Lo que verdaderamente nos ayuda a desenvolvernos en la vida, es si sabemos qué hacer con lo que sentimos, si somos capaces de enfrentarnos con una actitud positiva a los desafíos diarios, y si tenemos recursos suficientes para hacernos valer.

A esto, que es lo verdaderamente importante, nadie nos enseña.

Somos autodidactas en materia de educación emocional. Y aprendemos de lo que vemos, escuchamos y sentimos. Somos reproductores de patrones aprendidos que no siempre son los más efectivos. Somos, en definitiva, lo que pensamos. Pero a esto nadie nos enseña.

Y luego viene la vida, que cuando menos te lo esperas te pone a prueba (y tú, sin prueba previa). ¿Por qué aprovechamos el cole para “hacer las prácticas”?

Claro que la primera asignatura tiene que ser enseñarnos a leer, pero a leer nuestras emociones. ¿No sería mucho mas útil que nos dijeran que la tristeza es una emoción básica que todos sentimos y que tenemos que agotarla y desgastarla para que pueda llegar a su fin, porque si no, se vuelva “tóxica”? ¿O que el enfado también es necesario porque nos ayuda a marcar límites, pero que, con asertividad, podemos llegar a ser muy efectivos en nuestras relaciones interpersonales? Incluso que es bueno sentir miedo. Entenderíamos así que el miedo nos protege y que no es una emoción indigna como nos han trasladado en muchas ocasiones; que sentir miedo no es de cobardes, y que la valentía parte de un supuesto erróneo: “no todos tenemos los mismos recursos para enfrentarnos a las situaciones”. Si esto lo supiéramos desde pequeños, estaríamos en disposición de ir ampliando nuestra zona de confort e ir construyendo un escudo protector para los avatares de la vida. ¡Esta sí que sería una buena lección para recordar todos los días!

También nos tienen que fomentar el razonamiento, claro está. Que nos enseñen a pensar es genial, pero con un matiz: nos tienen que enseñar a pensar MEJOR. Como decía Buda “somos lo que pensamos, y de la calidad de nuestros pensamientos, está la calidad de nuestros sentimientos”, así que… ¿no sería más efectivo que, mientras estudiamos la metamorfosis, nos enseñaran también a pensar mejor de la vida, de nosotros mismos y de los demás? En esto se basa la Psicología Positiva, ¿no?

Añadiría otra asignatura importante: el Agradecimiento. Agradecer es la clave para vivir en el presente, lo que nos permite ser más conscientes de nuestra realidad y valorar momentos, situaciones y relaciones que han contribuido a ser lo que somos hoy.

La gratitud es una caricia potenciadora de felicidad y, de alguna manera, nos envía un bonito mensaje de que somos importantes por algo y para alguien. Agradecer sienta bien a uno mismo, a los demás y al mundo. Así que… ¿por qué no fomentarlo?

También dedicaría tiempo a las verdaderas Habilidades a potenciar en una persona: la Autenticidad, la Aceptación Incondicional y la Empatía. Entonces estaríamos verdaderamente educando en la inclusión, el respeto y la tolerancia.

¿Os imagináis una Escuela así? Una Escuela donde te preparen realmente para la vida. Esta sí que sería una buena educación.

Una Escuela donde todos siempre querríamos volver, y donde todos estaríamos también siempre orgullosos de pertenecer.

Ya lo decía, Eduard Punset: “Hoy más que nunca, la educación debe apuntar al corazón”.

VIRGINIA GONZALO RIVAS.

Maestra. Psicopedagoga. Experta en terapia infanto-juvenil. Técnico en Morfosicología. Coach educativa. Facilitadora emocional. 20 años de experiencia en formación.

Cofundadora de Reparando Alas Rotas.

Autora de cinco libros de Educación Emocional.

“La casita de las emociones”, “El botiquín de Cloe” y “Cuenta mi abuela…” (Infantil y Primaria).

“Cuentos para crecer por dentro” y “Cuentos para reparar alas rotas” -Ed. Nube de Tinta. (Cuentos para adultos)

Facebook: Reparando Alas Rotas

Twitter: @Virginia_RAR

Instagram: @virginiagonzalorivas

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