Fundación que fomenta el deporte en personas con discapacidad intelectual, salud mental y poblaciones en situación de vulnerabilidad / exclusión social
Fundación que fomenta el deporte en personas con discapacidad intelectual, salud mental y poblaciones en situación de vulnerabilidad / exclusión social

Medicación y efectos secundarios: ¿Cómo combatirlos?

Las personas con discapacidad o enfermedad mental suelen requerir el uso de medicamentos para lidiar con los síntomas que provocan. Un 35% de los pacientes no sigue el tratamiento pautado debido a los efectos secundarios que provoca, y esto se traduce en recaídas o reingresos hospitalarios. 

Otras personas deciden dejar de tomar la medicación al considerar que ya no la necesitan, se avergüenzan de los síntomas o, sencillamente, no quieren convivir con ellos. ¿Qué sucede si se deja la medicación de una forma brusca? Puede aparecer ansiedad, insomnio, fiebre, malestar, sudoración, dolor de cabeza, mareo, temblores, sensación de frío o calor, náuseas, vómitos, palpitaciones o empeoramiento de los síntomas y de la enfermedad. 

Por ello, se debe acudir siempre al médico de referencia. A menudo, el momento de la visita puede acarrear nervios, conductas imprevistas, olvidos de lo que se quiere comentar, temor a dar una impresión «equivocada»… Es normal debido al poco tiempo que dura la entrevista y a las largas esperas en la consulta y la importancia que tiene el momento para algunas personas. Se aconseja ir al médico con «los deberes hechos»: acudir a la cita con tranquilidad y hacer una lista escrita de todo aquello que se le quiere comentar (efectos indeseables de la medicación, mejoras o empeoramiento de los síntomas…), que harán que el profesional se haga una idea más adecuada del estado de la persona y se centre en los problemas y soluciones que existen. 

Otros efectos secundarios son inevitables y, aunque son leves, suelen ser muy molestos. A continuación, se ofrecen algunas soluciones para los efectos secundarios más frecuentes[i]

Sequedad de boca. Es útil llevar en la mochila una botella de agua, caramelos, bebidas frescas, chicles o cacao de labios. Es importante que sean sin azúcar, ya que aumentan el riesgo de caries y, sobre todo, porque el azúcar aumenta la deshidratación. También es útil el lavado frecuente de la boca con un cepillo blando y pasta de dientes con mentol. El tabaco, el alcohol, las comidas picantes y saladas aumentan la sensación de sequedad, por lo que se recomienda un uso excepcional.  

Sequedad de ojos. El farmacéutico puede recetar colirios o lágrimas artificiales para usar en el momento que se necesiten y son de uso sencillo. 

Estreñimiento. En este caso, se recomienda elevar el consumo de alimentos que aportan agua y fibra (aceite, aguacate, ciruelas, kiwi, naranja, judías verdes, alcachofas, copos de avena, legumbres, yogur…) y se desaconsejan los alimentos astringentes (arroz, manzana, plátano, zanahoria, patatas…).  

La actividad física activa el movimiento intestinal y mejora la digestión, pero después de las comidas es mejor realizarla de forma suave, como paseos o estiramientos. 

En casos de estreñimiento ocasional, es útil hacer masajes del abdomen con movimientos circulares y hacia abajo. En casos graves (tres días o más) puede ser útil el uso de laxantes de farmacia, supositorios o enemas. 

Sudoración excesiva. La ducha diaria, desodorantes de farmacia o polvos de talco son la mejor opción. 

Somnolencia o mareos. Debe tomarse la dosis mayor antes de ir a dormir. Durante el día, se pueden echar siestas de una hora después de la medicación o realizar actividades pausadas, como ver la televisión, leer o hacer manualidades sencillas. También es útil medir la tensión arterial para descartar problemas de hipotensión. 

Palpitaciones. Tomar la tensión arterial en momentos diferentes del día y cuando ocurren, para poder comparar los valores normales con las crisis. Comunicar al médico en caso de variaciones importantes. 

Malestar gástrico. La manera más efectiva de combatirlo es tomar la medicación con el postre, después de la comida y evitar comidas picantes, grasientas, o el café. Las infusiones de manzanilla o poleo alivian los dolores abdominales. 

Aumento de peso. La medicación no aumenta el peso de las personas, pero aumenta el apetito y el cansancio. La solución es conocida: control de la dieta y ejercicio.  

Disminución del deseo sexual o impotencia. Es importante registrar cuándo ocurre y las circunstancias para comentarlo con el especialista. Hablar abiertamente del problema con la pareja y centrarse en los besos y caricias puede ser suficiente para aliviar la frustración que provoca. 

Aumento de la excitación, inquietud, pesadillas. En este caso, una solución sencilla es escribir en una libreta cuándo ocurre y tomar el medicamento por las mañanas, si el médico lo considera adecuado. Realizar las actividades de mayor gasto físico a esas horas ayuda a mejorar los síntomas. 

Los medicamentos son solo una herramienta más para mejorar la calidad de vida de las personas. Tienen efectos beneficiosos para unos síntomas y pueden ser perjudiciales en otros; la clave está en encontrar el equilibrio. Escuchar a nuestro cuerpo y saber comunicar cómo nos sentimos es crucial para encontrar esa armonía. 

Verónica Ramos


[i] Novell Alsina, R. Rueda Quillet, P. Salud mental y alteraciones de la conducta en personas con discapacidad intelectual. Guía para técnicos y cuidadores. Sitges; 2008

Información sacada de plenainclusion.org