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El movimiento, la danza y la expresión corporal como lenguaje universal en la diversidad funcional y la salud mental

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Soy Laura Adame, educadora social especializada en artes escénicas y educación – itinerario movimiento – y creo que el arte puede ayudar a todas las personas en su proceso de crecimiento personal. ¿Y por qué lo pienso? ¡Te lo explico!

Hace muchos años que trabajo con personas con discapacidad intelectual y salud mental mediante el arte, y esta experiencia me ha mostrado que, el movimiento, la danza y la expresión corporal tienen un poder transformador. Estas herramientas artísticas aportan muchos beneficios físicos, emocionales, sociales y psicológicos. Son mucho más que una manera de expresarnos; son una forma de comunicación que va más allá de las palabras, un espacio donde el cuerpo y la mente pueden hablar sin barreras. Cuando hablo de movimiento, hablo de una práctica que no solo activa los músculos, sino también las emociones, los pensamientos y las relaciones.

Hay autoras y autores que lo confirman, como Rudolf Laban, un referente en el estudio del movimiento, que nos recuerda que el cuerpo es un vehículo de comunicación que va mucho más allá de los pasos técnicos. Él decía que “el movimiento es el lenguaje del alma” (Laban, 1971), y hacía hincapié en como la expresión corporal nos conecta con nosotros y con las otras personas. Esto refuerza la idea que la danza no es solo para profesionales, sino que es una herramienta poderosa y abierta a todas las personas, y destaco los contextos de diversidad funcional y salud mental.

Mi manera de trabajar está basada en el juego y las dinámicas de grupo como motores que facilitan esta transformación. Utilizo herramientas de la metodología Laban, especialmente la improvisación y el fluir, y trabajo con materiales que ayudan que cada persona descubra su “yo” más auténtico. En estos espacios, se fomenta la conciencia corporal y espacial, creando un ambiente seguro donde cada cuerpo encuentra su lugar y su ritmo. Esta combinación de juego, movimiento y conciencia corporal no solo favorece el crecimiento personal, sino que también crea conexiones sociales y aumenta la autoestima.

Para mí, el movimiento no tiene límites, barreras ni requisitos. Es un lenguaje universal que habla directamente en nuestro cuerpo y a nuestras emociones. Bailar no es solo seguir pasos o coreografías; es dejarse sentir, expresarse y conectar con las otras personas y con uno mismo o misma. Es un espacio donde cada cual puede encontrar su propio ritmo, su manera de ser y de comunicarse. Todos los cuerpos, todas las historias y todas las formas tienen cabida.

Y ahora, un poco para ti, lector o lectora:

  • ¿Por qué crees que mover el cuerpo puede ayudar a conectar con las emociones?
  • ¿Qué te gustaría descubrir a través del movimiento o la danza?
  • ¿Cómo podemos hacer que más personas tengan acceso a la danza y el movimiento?

 

Laura Adame Lorente 

Educadora social i artística

 Bibliografia:

 

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