De profesión astronauta

Mi nombre es Ana, tengo 51 años y soy astronauta, si, lo has leído bien.

Soy astronauta, aunque en mi título ponga “auxiliar de educación especial” porque trabajo con las estrellas.

La definición de estrella es: “cuerpo celeste que radia energía generada en su interior”, y así son los niños y adolescentes con los que trabajo, personas con una energía y una fuerza que radia a todos los que tenemos la suerte de compartir nuestras vidas con ellos.

Desde que el DECRETO 150/2017, de 17 de octubre, de la atención educativa al alumnado en el marco de un sistema educativo inclusivo, acordó velar por la educación inclusiva en las escuelas, la presencia de los auxiliares de educación especial en las aulas se ha hecho habitual en todos los centros educativos de enseñanza obligatoria.

A pesar del aumento de la necesidad de atender a cada vez más niños con necesidades especiales los medios y dotaciones son escasos y a menudo totalmente insuficientes para poder atender a la gran diversidad de alumnado que requiere este apoyo en el aula.

Cuando hablamos de escuela inclusiva, nos estamos refiriendo a la NO segregación, en otros tiempos habitual, de alumnos con necesidades educativas especiales de tipo físico, psíquico, sensorial, intelectual, psicosocial…del resto del alumnado.

 El trabajo del auxiliar de educación especial consiste en acompañar a estos alumnos durante todo su proceso de aprendizaje y facilitarles el día a día colaborando codo con codo con el profesorado responsable del aula.

En el funcionamiento habitual en la clase de la escuela inclusiva, se hace necesario la presencia de los auxiliares ya que, aunque el profesorado tiene la formación y la capacitación adecuada, la actual ratio de alumnos hace incompatible una atención a todos los alumnos por igual si en la ecuación hemos de integrar alumnos con diversidad de necesidades y ritmos de aprendizaje. El objetivo es que nadie quede atrás y que todos aprendan según su ritmo, capacidad y utilizando el tiempo que cada uno de ellos requiera para asentar los conocimientos necesarios para superar el curso.

Gracias al avance y estabilización del sistema inclusivo cada vez más escuelas optan por incorporar en su currículo no sólo las asignaturas tradicionales, sino también cuestiones igualmente necesarias para el desarrollo y evolución de las personas y que tienen como objetivo el desarrollo de la empatía, de la convivencia, del respeto y del conocimiento de los sentimientos propios y ajenos.

 Todas las asignaturas y enseñanzas en su conjunto formarán una mochila con la que todos los niños, crecerán con una cultura basada no sólo en conocimientos didácticos, sino que podrán hacer frente a todos los retos que la vida les irá poniendo gracias a haber alcanzado unos conocimientos emocionales y sociales que les dará las herramientas necesarias para convivir en una sociedad cada vez más polarizada. O al menos ese debería ser el objetivo general de los que hoy en día somos adultos y conocemos de primera mano las necesidades y las carencias con las que nos encontramos en nuestra vida adulta y las herramientas que hubiéramos necesitado para afrontarla.

El trabajo diario del auxiliar de educación especial requiere de compromiso, implicación y grandes dosis de sentido común, es un trabajo que consiste en escuchar, observar, conocer y sobre todo conectar, un trabajo en donde la experiencia es clave para mejorar la praxis diaria y, sin embargo, por mucha experiencia que se acumule cada día te enfrentas a nuevos retos, y aprendes constantemente, no hay día igual al anterior porque tampoco hay dos niños iguales.

Los niños con necesidades educativas especiales, con el acompañamiento adecuado en el aula se convierten en imprescindibles, la totalidad de los alumnos de la clase tienden a sentirse parte de un todo que funciona como un engranaje perfectamente ensamblado y en el que ninguna pieza sobra ni puede quedarse atrás y en el que todos aportan un ingrediente, una cualidad necesaria en el grupo.

Muchas veces hemos oído que la escuela pretende ser el germen de la sociedad futura, por tanto, el aula inclusiva ha de reflejar la sociedad a la que deberíamos aspirar, una sociedad en la que todos caben, en la que todos cuentan y en la que en un momento dado todos vamos a ser cuidados y cuidadores cíclicamente.

Al igual que las estrellas, estos alumnos brillan e iluminan la escuela, la completan y se hacen imprescindibles ya que hacen que tanto los adultos implicados en su educación, como el resto de alumnos, elaboren estrategias de convivencia y de aprendizaje e inducen a una colaboración de todos los elementos escolares y sociales, tanto personal docente, alumnos, padres y entidades han de mirar en la misma dirección para conseguir que las metas alcanzadas en la escuela se trasladen fuera de ella y que en su vida adulta estos alumnos puedan seguir brillando y formando parte de una sociedad aportando sus cualidades, y contribuyendo a la mejora y desarrollo de la misma.

Ahora ya conoces un poquito más mi trabajo y te invito a sentirte astronauta como yo, solo necesitas mirar las estrellas que tienes cerquita en la tierra y podrás sentir que brillan igual o más que las del cielo.

 

Ana Cristina Holgado Alonso
Auxiliar de educación especial.
Serveis educatius de Catalunya.

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