Una reflexión sobre cómo la interpretación puede abrirse a la diversidad y permitir que la discapacidad no defina a los personajes, sino que forme parte natural de la historia.
Desde mi trabajo como Coordinadora de ocio en la Fundación Demanoenmano, acompaño y desarrollo propuestas de intervención sociocultural en contextos comunitarios.
Mi participación en el programa de formación en dramaturgia adaptada de Apropa Cultura ha sido una experiencia que ha motivado profundamente la reflexión que da origen a este artículo.
Y desde ahí nace una idea que me gustaría compartir:
¿Qué pasaría si la discapacidad dejara de ser el argumento principal?
Durante años, la discapacidad en el teatro, el cine y la televisión ha estado ligada a historias de superación, drama o diferencia.
Pero cada vez más profesionales, compañías y entidades están trabajando para cambiar esta mirada.
A quienes sois actores y actrices con discapacidad, me gustaría decir algo con claridad:
Tu valor artístico no está en tu historia personal, sino en tu capacidad de interpretar, emocionar y crear personajes.
El escenario, la cámara o el plató no deberían preguntarte qué representas, sino qué puedes aportar a la historia.
La verdadera inclusión empieza cuando dejamos de etiquetar.
Me gustaría ver personajes como una jueza en silla de ruedas, una periodista sorda o un vecino con discapacidad intelectual. Personajes que no necesitan explicar su condición todo el tiempo, porque su historia va mucho más allá de ella.
Tratemos de normalizar e integrar la discapacidad, en lugar de encasillarla o invisibilizarla.
Cuando los castings se abren de verdad, algo importante ocurre: el talento aparece en toda su diversidad.
No falta talento.
Faltan oportunidades de acceso.
Y cada vez que una puerta se abre, también se abre una nueva forma de contar historias.
En el ámbito internacional, creadoras como Francesca Martínez han demostrado que el humor, la escena y la palabra pueden romper estereotipos y abrir miradas.
También en nuestro entorno, cada vez más proyectos escénicos y audiovisuales apuestan por una representación más real, donde la diversidad funcional no define al personaje, sino que lo acompaña.
Como público también tenemos un papel.
Podemos preguntarnos qué historias vemos, cómo están contadas y qué lugar ocupa la diversidad en ellas.
Porque la cultura no solo entretiene. También amplia la mirada.
A quienes estáis en el mundo de las artes escénicas: seguid creando, seguid formándoos, seguid buscando vuestro lugar en escena.
Vuestro trabajo es necesario.
Y a quienes miramos desde el otro lado: aprendamos a ver más allá de las etiquetas.
La cultura es más rica cuando refleja la vida tal y como es: diversa, compleja y llena de posibilidades.
Laura Galván Castaño
Coordinadora de proyectos de ocio y tiempo libre – Fundación Demanoenmano
Bibliografia relacionada: Petra Kuppers – Disability and Contemporary Performance







